
Nuestros valores
Por qué esto es importante
Cuando la gente deja de confiar en lo que ve y oye, los consumidores se retraen, los creadores pierden el control y las marcas pagan las consecuencias.
Cuando la confianza se erosiona, todo se debilita.
Cuando la gente deja de confiar en el medio ambiente, no solo se vuelve más cautelosa con los medios de comunicación, sino que se vuelve más cautelosa con todo.
Dudan antes de comprar. Dudan antes de suscribirse. Dudan antes de compartir, interactuar, obtener una licencia o invertir. Se vuelven menos seguros de que lo que ven sea real, de que la fuente sea auténtica o de que la persona o empresa detrás sea quien dice ser.
Una vez que esa incertidumbre se normaliza, internet deja de sentirse abierto y comienza a sentirse hostil.
La confianza en internet se está desmoronando.
En los medios digitales está ocurriendo algo más profundo, y la mayoría de la gente lo percibe aunque aún no encuentre las palabras para describirlo.
Vivimos en un entorno donde cada vez menos personas confían en lo que ven, oyen o leen en internet. Las imágenes se pueden generar. Los vídeos se pueden alterar. Las voces se pueden clonar. El contexto se puede eliminar. Las obras originales se pueden copiar, reutilizar o manipular sin permiso y, a menudo, sin consecuencias.
A medida que estas capacidades se extienden, también lo hace algo más perjudicial que la confusión: la duda.
Esa duda no se limita a una sola imagen, un solo vídeo o una sola historia. Se extiende. Cambia la forma en que la gente se comporta. Cambia lo que creen. Cambia en qué están dispuestos a confiar.
Esto va más allá de la desinformación.
La desinformación es parte del problema, pero no es el problema completo.
Esto también tiene que ver con el robo de obras. Se trata del uso no autorizado de la propiedad intelectual. Se trata de creadores que pierden el control de sus creaciones. Se trata de marcas que operan en entornos en los que no pueden confiar plenamente. Se trata de editores, plataformas y titulares de derechos que intentan trabajar en un sistema donde la autenticidad es más difícil de demostrar y más fácil de explotar. También aborda cuestiones de verificación de edad y seguridad infantil, donde la incertidumbre sobre la identidad, la autenticidad y el acceso puede tener consecuencias en el mundo real.
En esencia, se trata de un problema de confianza.
Es fácil dar por sentada la confianza cuando existe. Es mucho más difícil reconstruirla una vez que comienza a desmoronarse.
Para los creadores, esto es algo personal.
Una obra que antes podía tardar años en realizarse, ahora puede copiarse, modificarse, imitarse o redistribuirse en cuestión de segundos.
Una voz puede ser prestada. Una imagen puede ser reutilizada. Una canción, una historia, una grabación o una imagen pueden difundirse a escala global perdiendo su conexión con la persona que la creó. En muchos casos, el público no puede distinguir qué es original, qué está manipulado, qué está bajo licencia o qué simplemente se ha tomado y reformulado.
No se trata solo de un problema empresarial. Es un problema humano.
Pide a los creadores que sigan generando valor en un sistema que cada vez respeta menos la autoría, el consentimiento y la propiedad intelectual.
La confianza también es importante para los mercados.
Los efectos económicos son reales.
Los mercados digitales solo funcionan cuando la gente cree que el entorno es lo suficientemente fiable como para participar en ellos. Los consumidores no gastan con confianza en lugares que no les inspiran confianza. Los anunciantes no invierten con confianza en sistemas que no pueden verificar. Los socios no actúan con rapidez cuando la autenticidad, la propiedad y la entrega no están claras.
Aumenta la fricción. Aumenta la sospecha. Disminuye la participación.
Con el tiempo, eso perjudica no solo a las transacciones individuales, sino también a la salud de todo el sistema.
Por qué nos importa la autenticidad
La autenticidad no es una estrategia de marketing. No es un mensaje. No es algo que deba adivinarse a posteriori.
En el mundo digital, la autenticidad debe ser aún más sólida. Debe ser demostrable. Debe permanecer vinculada al contenido original a medida que este se mueve entre plataformas, formatos y contextos. Debe sobrevivir a las realidades de los medios modernos, no desaparecer dentro de ellos.
Esa creencia es la base de por qué hacemos lo que hacemos.
Por qué hacemos este trabajo
Creemos que la gente debería poder confiar en lo que ve y oye.
Creemos que los creadores deberían contar con mecanismos más sólidos para proteger la identidad e integridad de su obra. Creemos que los titulares de derechos deberían tener mejores maneras de hacer valer su propiedad y obtener autorización. Creemos que las empresas deberían poder operar en línea con mayor confianza, no con menor.
Creemos que el futuro de internet depende en parte de si se puede fortalecer la confianza antes de que su erosión se convierta en algo normal.
El futuro no necesita menos tecnología. Necesita mayor confianza .
Los medios de comunicación seguirán evolucionando. La IA seguirá transformando la forma en que se crea, modifica y distribuye el contenido. La solución no reside en pretender que el cambio se puede detener, sino en construir sistemas que fortalezcan la confianza en medio de ese cambio.
Porque si la gente llega al punto de dar por sentado que todo puede ser falsificado, manipulado o mal utilizado, el daño va mucho más allá de cualquier empresa o industria en particular.
En ese punto, la pérdida es cultural, económica y cívica.
Realizamos este trabajo porque no creemos que ese resultado sea aceptable.
Creemos que el mundo digital necesita mecanismos más eficaces para proteger la autenticidad, preservar la integridad y fomentar la confianza a gran escala. No como un ideal abstracto, sino como parte de la infraestructura básica para el funcionamiento de los medios, el comercio y la comunicación en los próximos años.

Marc Gray - Director Ejecutivo



